Without Sky
Capítulo 1
Capítulo 1
Autor: Ann Ciel
Pairing: Jaemin/Minjae
Extensión: Indefinida
Advertencias: Angst, Lemon, Muerte de personaje.
Extensión: Indefinida
Advertencias: Angst, Lemon, Muerte de personaje.
Disclaimers: Los nombres presentados corresponde a personas reales aplicadas a un contexto de fantasía. No poseo derecho alguno sobre TVXQ ni JYJ.
Gracias por leer, serán bienvenidos sus comentarios.
~*~
Aquella bata blanca se meció con suavidad,
acercándose como cada día. Aquel amable doctor que siempre visitaba las
instalaciones con una sonrisa afable cambió su expresión al ver al chico
sentado en el jardín.
Nadie imaginaba lo triste que era su vida en
el fondo. Ver cosas como esa le carcomía el alma. Porque allí estaba, una dulce
niña de apenas 6 años colocando una corona de violetas en la cabeza de un joven
sin expresión en su rostro. Un joven que nunca pensó que llegaría para
quedarse.
Tomando valor, quitando la pesadumbre de su
semblante e instaurando su sonrisa cotidiana, se acercó
– Buenos días, pequeña Haneul. ¿Cómo estás
hoy?
– Muy bien, Doctor Kim – le sonrío como si
nada una nena de rizos y ojos oscuros –Tendré suerte hoy? ¿Mamá traerá a mi
hermanita?
– Ya te he dicho que puedes llamare Junsu.
Pero dime, ¿Aún piensas que algo malo puede ocurrirle?
– No, solo la extraño mucho – le mintió. Era
una chica lista y sabía bien que respuestas eran contraproducentes si quería
marcharse pronto.
– Muy bien – no era que pudiese creerle pero
por ahora está bien.
– ¿Qué hay de ti, Jaejoong? ¿Has tomado la
medicación de hoy?
– Sí – solo ese simple monosílabo.
– Sientes que… algo ha cambiado en esta semana.
El joven de cabello negro y ropas blancas le
miró con gesto ausente. Meditó un momento su respuesta, no en busca de una
excusa, era más bien recordando. Suspiró.
– No demasiado. Pero hay noches en las que
estoy lo suficientemente sedado por lo que no puedo sentir si viene o no. Quizá
solo y se divierte mientras yo no puedo despertar y me la…
– ¡Jaejoong! – Le detuvo su doctor algo
molesto, ladeando su mirada hacia Haneul y carraspeó – creo que este no es el
momento ni el lugar. Te espero mañana, ¿sí? No faltes y no temas, que no
muerdo.
El doctor se retiró sintiendo mucho la
situación de esas jóvenes almas. Esperaba sinceramente que su trabajo los
ayudara a salir pronto de ese lugar.
Mientras en aquel jardín se quedaron viendo a
los ojos una niña y un chico que compartían el lazo más insospechado.
– Lo siento mucho, Jaejoong – Haneul empezaba
a llorar con su cabeza gacha y su pequeña manito sobre la mejilla de su amigo –
Yo… en verdad te quiero. Ahora que te conozco, realmente me importas pero no puedo
hacer nada. Lo sabes, ¿verdad?
– Claro, tranquila. No llores - Sonrío Jaejoong para la niña que estaba junto
a él sobre el césped. – ¿Qué te parece si hacemos otra corona? Hoy hace un día
fresco y hay muchas flores que nacieron con el rocío. Vamos.
~*~
Kim Junsu en su despacho revisaba las fichas
de sus pacientes. Diagnósticos de “Inicios de esquizofrenia” para la niña y
“Trastornos severos del sueño” para el más adulto. La puerta se abrió y giró en
su silla.
– Tome asiento, por favor
– Gracias, doctor. Dígame, ¿Cómo sigue mi
hermano?
– El está progresando, Yoochun. Hoy te
permitiré verlo. ¿Sabes? Me parece maravilloso que siendo medios hermanos estés
tan pendiente de él, eso ayuda en su mejora.
– ¿De verdad podré verlo? – sus ojos se
llenaron de lágrimas. – No sabes cuánto lo agradezco. Como ya sabes, Jaejoong y
yo nos compartimos lazos de sangre pero crecimos juntos, y luego del accidente
de nuestros padres… él es todo lo que me queda en esta vida.
Junsu lo miró con tristeza y sostuvo su mano
tratando de buscar las palabras correctas.
– No deberías hablar así. Todos tenemos una
vida completa y problemas propios. No hagas de Jaejoong el inicio y el fin de
su vida entera, de otra forma serás mi paciente muy pronto – Le advirtió con
tino – Debería confiar más en nuestros cuidados. Sal y diviértete de vez en
cuando.
Yoochun sonrió ligeramente y lo observó
directo a los ojos. Ellos se habían convertido en algo más que doctor y
pariente de paciente en los últimos meses, sin duda alguna eran buenos amigos
por lo que tomó algo de valor antes de pronunciarse.
–Bueno, quizá si quisieras acompañarme alguna
vez.
–Es-está bien – a Junsu no se le había pasado
desapercibido la intención de quien parecía querer ser más que su amigo. Para
él mismo, Yoochun era alguien muy querido pero no lo suficiente para
instaurarlo como novio en su vida. Sin embargo, se repitió que nunca tendría
una relación seria si no se daba la oportunidad de empezar a salir con alguien
– Ahora es tiempo de que vayas con tu hermano. Te llamaré después.
Junsu llamó a la enfermera para que
acompañara a Yoochun. Se levantó para acompañarlo hasta la puerta y antes de que
pudiera salir su amigo le robó un pequeño beso, apenas un roce. Se despidieron
con sonrisas nerviosas antes de cerrar la puerta de nuevo.
El joven doctor tocó sus labios regresando a
su escritorio y viendo a sus pequeños pacientes por la ventana. Bajo el árbol
de granada ellos mantenían una conversación.
– Jaejoong
– Dime, Haneul.
– Tú… ¿llegaste a amarlo?
Jaejoong abrió los ojos de forma desmesurada
antes de bajar la mirada para esconder una lágrima que se desprendía entre sus
pestañas.
–Que patético soy. Llorando delante de ti de
esta forma – Todo lo que deseaba es que alguien se llevara toda esa amargura
que había marcado su corazón – Sí, bonita. Él ni siquiera lo merecía y yo… tu
también crees que me he vuelto loco, ¿cierto? – comenzó a reír frenéticamente
como quien empieza realmente a perder la cordura.
La pequeña observó sus propias manos y odió
la sangre que corría por sus venas. Era probable que ya no tuviese motivos para
vivir, que incluso su hermana menor, por la que había dado todo, ya estuviera
en el cielo que ella nunca conocería. Solo podía llenar de desgracias la vida
de los demás. En ese momento, la niña se dio cuenta de que eran observados por
el doctor, miró a su amigo y entonces le habló de nuevo.
– Voy a extrañarte. Prométeme que serás muy
feliz.
Ella había tomado una decisión y le daría un
último obsequio a su amigo. Sus ojos cambiaron de su normal color negro a un
tono ambarino hasta tornarse rojos como la grana. Miró a Jaejoong a los ojos y
entonces comprendió.
– ¡Espera, Haneul. No lo hagas!
– Te quiero, gracias por ser mi amigo. Jamás
podré devolverte todo lo que te he quitado, ni agradecerte por el trato que me
has dado, nunca merecí tanto. Pero voy a darte una nueva oportunidad. Nunca
haré felices a los demás pero al menos tú lo serás.
Aprovechando que estaba de rodillas sobre el
suelo, la niña sostuvo con fuerza inhumana la cabeza del joven cuyos ojos
fueron recuperando el brillo que habían perdido en los últimos meses. Vio pasar
todos los recuerdos que se habían convertido en su tormento y finalmente, tras una
lágrima que corría rauda por su mejilla, se desplomó sobre el suelo.
El doctor no sabía que pasaba y miró
espantado como Haneul tocó a Jaejoong antes de que este se desmayara. La linda
niña miró a Junsu a los ojos, inmovilizándolo. Pronunció un par de palabras y
dejó que el brillo escarlata de su mirada atravesara el vidrio de la ventana y
el alma del joven médico.
Junsu sintió un dolor perforante en su
cabeza, a duras penas alcanzó a regresar a su silla donde perdió el
conocimiento.
La niña sonrió de forma tierna. Acababa de
hacer algo horrible pero ella no estaría nunca más para verlo.
– Changmin, ¿Puedes venir aquí? Creo que es
hora.
Un ente con la apariencia de un apuesto joven
salió detrás del árbol de forma despreocupada. ¿Por qué debería? Solo su
pequeña podía verlo. Puso una rodilla en el piso para colocarse a su altura.
Puso una mano sobre su cabeza y acarició sus cabellos.
– ¿Qué es lo que planeas ahora?
– ¿Tu hogar es tan cálido como dicen? Tal
vez, debería y conocerlo. Tal vez así, con el tiempo, toda mi vida sea solo un
mal recuerdo.
– Entiendo – su indirecta había sido captada.
Se levantó del suelo y tomo a la niña de la
mano. El cuerpo de Haneul cayó al suelo y su espíritu siguió junto a él.
Changmin comenzó a caminar junto a ella antes de que se detuvieran frente a la
puerta que acababa de aparecer delante de ellos.
– Changminnie…
El joven gruñó con desagrado ante ese nombre
pero su compañera solo rió melodiosamente. Con la voz blanca de los niños.
– No puedes mentirme, también le quieres. Y
por eso…
Haneul colocó su mano sobre el abdomen de
aquel joven, traspasándolo y provocando una descarga eléctrica que hizo que
soltara un alarido que nadie más podía escuchar. El joven desapareció y ella se
fue por la puerta que nadie más puedo nunca ver.
Al cabo de unos minutos Yoochun salió al
jardín de aquel hospital mental encontrando el cuerpo inconsciente de su
hermano y el de una niña tendidos sobre el suelo. Corrió hasta ellos y fue
primero con ella encontrando que no respiraba ni tenía pulso. Con horror se
abalanzó su hermano y vio que seguía vivo por lo que regresó con Haneul
mientras gritaba por ayuda.
Un par de enfermeras corrieron en su auxilio
y otra corrió en busca del doctor.
Junsu mientras iba despertando, no podía
recordar nada. ¿Se había quedado dormido? Entonces su asistente entró gritando.
- ¡Doctor, algo pasa con dos de los
pacientes! ¡Venga rápido, por favor!
Con ello terminó de espabilarse y salió
corriendo de allí.
~*~
Un mes había pasado desde los fatídicos
sucesos. Un mes en que todo se puso de cabeza entre las investigaciones de la
muerte de la Haneul, una pequeña paciente de 6 años.
Al principio pensaron que Jaejoong le había
hecho daño pero su diagnóstico no era una patología que se caracterizara por
agresividad. Afortunadamente todo se esclareció y determinaron que la niña
había muerto debido a exceso de algún fármaco. La clínica no fue demandada
porque nunca nadie volvió a preguntar por ella. Yoochun, Jaejoong y Junsu se
encargaron de su sepultura pero con ello no enterraron el hecho más extraño:
Jaejoong no recordaba nada.
Y allí estaban, Yoochun abrazaba a su hermano
que había superado su trastorno pero ahora tenía una amnesia selectiva en la
que no recordaba nada sobre su problema ni porque había entrado. Ni siquiera a
Haneul. Por eso, lo tratarían en sesiones de forma ambulatoria, no más
internado.
Jaejoong reía con Yoochun mientras hablaban
del feo color que había puesto el vecino en la casa y abrieron juntos la caja
donde se había guardado las pertenencias más importantes como llaves,
documentos de identificación personal, permisos, tarjetas, cuentas de banco y
todas esas cosas que necesitaría para regresar a su vida normal.
– Escuché también que hoy tienes una cita con
el doctor Kim.
– Bueno, sí. No quería dejarte solo hoy pero
Junsu no tendrá agenda libre en mucho tiempo
– No te preocupes por mí, haré algo de comer
e iré a revisar mi correo que debe estar atestado. Luego de eso me acostaré a
dormir – le sonrió como si nada.
– Está bien, me voy entonces. No quiero
llegar tarde – cualquier cosa tienes tu nuevo teléfono, llámame si cualquier
cosa sucede
– Si, mamá – le replicó juguetonamente.
Yoochun subió a su auto y miró hacia adelante
con verdadera paranoia bailando en su mirada. ¿Realmente su hermano lo había
superado todo?
Debía ser así. De otra forma, Jaejoong
recordaría que sentía verdadero pavor a quedarse solo por las noches y aún más…
a estar dormido.
~*~
Toda la historia había empezado algún tiempo
que se antoja muy lejano ahora.
Kim Jaejoong era un prometedor estudiante de
Arte Musical, especializándose en estudio de Voz. Un chico admirable y querido
por todos. Su hermano, Park Yoochun, era también su compañero inseparable,
especializado en estudio de Piano. Todos estaban seguros de que sin dudar
serían grandes.
Su familia estaba conformada por 4 personas y
pronto serán 5, su madre esperaba una hermosa niña que sería la luz de los ojos
de los 3 hombres de la casa. Nunca tuvieron problemas ni disputas. Habían sido
bendecidos con talento, armonía, felicidad y mucho amor.
Claro, a los hombres Park les había costado
un poco alcanzar la dicha. La madre de Yoochun siempre fue una mujer mordaz. El
señor Park la había dejado hace más de 15 años cuando se enteró de que estaba
con otro hombre y aún más había amenazado con destruirlo si la dejaba. Se
habían casado demasiado jóvenes por el nacimiento de su hijo pero, el veneno
que había puesto de por medio, los llevó a una batalla legal por la custodia,
contienda que ganó el padre sin problemas al alegar un adulterio.
Habían pasado casi dos años de amarga
soledad, con un niño a sus espaldas de 7 años que cuidar, cuando conoció a la
señora Kim. Una mujer dulce y excepcional que los aceptó en su vida, respetó su
pasado y sanó las heridas. Para Yoochun, ella era su verdadera madre y Jaejoong
su verdadero hermano. Por su parte, el Sr. Park estaba encantado con Jaejoong,
el niño de sonrisa tímida y fácil, de la misma edad que su hijo y que no tardó
en llamarlo ‘papá’.
Fue una noche hace casi un año y medio atrás
en que iban su padre, su madre y su futura hermanita en el auto. Regresaban
camino a casa de un chequeo regular cuando ocurrió un evento que extrañó hasta
a los investigadores de la localidad.
Tuvieron un accidente en el que se
estrellaron contra el árbol de un parque y sin poder parpadear ardieron en
llamas. Nadie se explicó cómo pudo suceder algo tan atroz en tan pocos
segundos.
Los hermanos quedando destrozados se
aferraron entre sí, se apoyaron en el dolor y salieron adelante. Poseían becas
y trabajos de medio tiempo con los que buscarían un futuro. Se cuidaban todo el
tiempo, se aman como la única familia que quedaba y un año después habían
logrado volver a sonreír con naturalidad.
Fue aquella misma noche, en que conmemoraban
con rezos el descanso eterno de sus padres, que la puerta sonó con un toque
seco y una lúgubre visita.
Yoochun se dirigió a la puerta y se quedó
helado reconociendo de inmediato, como si el tiempo no hubiese transcurrido, a
la mujer frente a él.
– No… no puede ser. ¿Mamá… eres tú?
Jaejoong notó la estupefacción de Yoochun por
lo que abrió un poco más la puerta para adelantarse y permitirle el acceso.
Antes de cerrar la puerta, Jaejoong notó que en el auto bajo la lluvia había
una niña sentada en el asiento del copiloto. Una preciosa niña de rizos y ojos
oscuros como la misma noche.
Caminaron hasta la sala donde luego de unos
minutos de incomodo silencio por fin pudieron hablarse.
– Yoochun, siento mucho lo que paso. Ya supe
lo que ocurrió con tu padre y la madre de este joven – pronunció la mujer con
mirada criptica – He vuelto aquí por ti. Será bueno para nosotros que…
– Disculpa – la cortó – pero no puedo irme
contigo. Si lo que buscas es conocerme luego de tantos años me parece perfecto
pero este es mi hogar y Jaejoong es mi familia. Te pido que respetes la memoria
de mi padre y de mi madre – le dijo remarcando lo último.
– ¿Sabes que tuve una hija? Su padre falleció
poco después de que naciera. Deberías venir con nosotras y conocer a Haneul,
ella si es tu verdadera hermana – lanzó con toda frialdad.
Jaejoong bajo la cabeza, apenado y triste.
Yoochun se volvió a ella con furia.
– Si viniste para insultar a mi familia
puedes irte por dónde has venido. Gracias por el ofrecimiento pero ocurre que
ya hice una vida sin ti. No te necesité antes ni lo haré ahora. Que tengas
buena noche.
Se encaminó hasta la puerta para darle a
entender que la quería fuera de su vida y esta vez para siempre.
Molesta caminó hasta la puerta y sin voltear
se dirigió por ellos una última vez.
– Si no subes al auto ahora te juro que van a
arrepentirse.
Yoochun perdió la paciencia y dejó a la furia
apoderarse de su cuerpo, lanzando la puerta para que desapareciera de una vez
por todas.
Jaejoong se acercó a la ventana y vio como la
oscura mujer subió de nuevo a su auto y se marchó. En esos pocos segundos,
volvió a notar a la niña que lo miró con ojos grandes y curiosos, y le dijo
adiós con su pequeña mano hasta desaparecer de la visión brumosa.
– ¿Estás bien? – le preguntó a Yoochun, el
mismo que se le acercó y lo abrazó con fuerza. Le correspondió inmediatamente.
– Si, solo quedémonos así un momento. ¿De
acuerdo?
Pasados unos minutos, la tensión desapareció
y volvieron a su charla amena donde siguieron hablando sobre la chica más linda
de la clase que era tan obvia en sus intenciones por salir con Yoochun que
Jaejoong no podía evitar burlarse.
Cuando llegó el momento, ambos fueron hasta
sus habitaciones y se quedaron profundamente dormidos.
~*~
Esa misma noche, el auto de la madre de
Yoochun volvió a estacionarse fuera de su casa. La hermosa niña se bajo y este
arrancó dejándola sola.
Desde la habitación del cuarto de Jaejoong,
se asomaba su gata Jiji quien miraba todo de forma curiosa. La siguiente imagen
hizo que se alertara y que con un chirrido de terror saliera corriendo
escaleras abajo.
Sobre el tejado de la casa que daba frente a
la ventana de su amo, estaba aquella niña sentada.
Los rizos se agitaban trémulos, danzando en
el aire mientras sus pupilas rojas se fijaban en el joven que yacía sobre la
cama. Abrió un libro viejo del que comenzó a leer frases inentendibles mientras
un vapor negro se alzaba sobre la casa y comenzaba a entrar por el cuerpo de
Jaejoong.
De pronto se detuvo, estaba vez ella era la
que estaba asustada. Había pronunciado mal una frase y así, el aura negativa se
esfumó. Frente así se materializó un ser de aspecto oscuro y seductor bajo la
luz lunar.
Insegura como estaba se aventuró a hablar aún
presa del miedo.
– ¿Qué eres tú?
El ente la observó y giró los ojos con
hastío.
– No puede ser cierto. ¡Si eres la bruja más
pequeña que he visto! Niña… deberías estar leyendo cuentos y este libro –
mencionó despectivo quitándole el libro. Miró a la ventana y creyó entender –
¿Intentabas hechizar al chico que te gusta? ¡Pero si de remate es mucho mayor a
ti!
– ¡No! Por favor, devuélvemelo. Mi madre se
enojará conmigo si no cumplo. Mi hermana menor está en casa y sería peligroso
si pierde el control solo porque yo soy una tonta – parecía estar a punto de
llorar.
El hombre miró el libro y revisó el nombre de
su dueña. Ahora no se sorprendió en lo más mínimo.
– Así que tú eres la pequeña Haneul. Se
supone que debíamos conocernos en algunos años más, cuando tuvieras capacidad
de darle el placer suficiente a un súcubo.
– ¿Qué o quién eres tú? ¿Por qué dices todo
eso?
– Pobre incauta. – Resopló airado – Soy
Changmin, el súcubo al que tu madre vendió tu alma para poder conservar la
juventud que tanto malgasta. – En otras palabras, desde ya, supongo que eres mi
pequeña amante.
– ¡No! – Dijo llorando frente a él – ¡Mi
madre no haría eso!
– Mocosa, si no te gusta, crece como la bruja
más poderosa hasta que puedas destruir lo que tu madre ha construido.
– ¡Jamás podría! Es mi madre y…
– Y quizá así le des una oportunidad a tu
hermana, eso si no la ofrenda antes. Lo que a ti concierne, tu alma ya es mía.
Por supuesto, eso tiene sus ventajas, gran tonta. Hasta que crezcas, debo
impedir que algún estúpido mequetrefe quiera interponerse.
La niña pareció paralizarse, la poca
inocencia que quedaba tras el duro trato a lo largo de su vida se hizo trizas.
Reaccionó al escuchar en el viento el murmullo del llanto de su hermana, aquel
bebé que se conectaba con ella donde estuviese.
Decidió entonces que crecería demasiado
rápido solo para darle la oportunidad que ella nunca había tenido de ser feliz
– Entonces… – dijo con mirada vacía e hipando
– Si soy fuerte… y detengo a mi madre… ¿Byeol estará bien?
– No si detienes, destruyes.
Puso entonces una mano sobre la cabeza de
Haneul y pudo leer la verdad sobre su futuro tan prometedor. Ella sería sin
lugar a dudas la más fuerte. De algo le serviría haber empezado tan joven.
– No eres tan inútil como pensaba – se burló
– Y tú… ¿Puedes ayudarme con eso?
– ¡Eres una verdadero hastío! ¡Debería
tomarte o matarte ahora mismo! – le replicó tirándole el libro frente a sí.
Las páginas respondieron a los pensamientos
de la niña y las hojas pasaron. Había encontrado lo que buscaba. En un solo
momento de lucidez, se arrodilló leyendo rauda las palabras.
Un par de grilletes sin cadena se
materializaron en las muñecas de Changmin, quien tarde se dio cuenta de lo que
pasaba.
– ¡Maldita seas! – le gritó y cuando trató de
golpearla ella solo cerró los ojos, entonces se detuvo.
Changmin sabía bien que ella ahora tenía el
control de la situación, que ella podría infringirle verdadero dolor. ¿Por qué
no lo hacía? Entonces suspiró, entendiendo finalmente.
Llevó su mano de nuevo a la pequeña cabeza y
puso una rodilla sobre las tejas, relajó su semblante y se aseguró de que
ningún otro esbirro soslayase por allí. Esbozó una pequeña sonrisa.
– Lo siento mucho. Si de algo te consuela,
habrías sido un hermoso ángel. Aún si no tienes la culpa, tu destino es
inevitable, pero mira el lado amable, allí no tendrás más frío – Se rió –
¿Sabes? Me recuerdas mucho a mi hermana Ji, ella si logró subir a donde le
correspondía.
– Crees que… ya sabes… Byeol…
– Si, nena. Si lo creo.
Notablemente más relajada dejó que él
prosiguiera.
– Bueno, entonces, ¿Qué es lo que se supone
que tengo de tarea? – Señalo con molestia los grilletes.
– Debes – miró al frente – debes hacerte cargo de él. De la
forma que quieras. Mamá buscaba una tortura para el hombre que vive con mi
hermano.
– ¿Es gay? Ja! Entonces no tendré mayor
efecto sobre él.
– No se trata de eso, es el joven que vive
como hermano de mi hermano. Él es el motivo por el cual Yoochun no vuelve a
casa, mi madre quiere hacerle la vida miserable.
– De acuerdo, en ese caso, ¿Conoces la
maldición que debes usar?
– Creo que sí. “Delirio de ensueño” es el
hechizo usado para que un súcubo mezcle los contextos entre en las pesadillas y
la realidad de su víctima hasta enloquecerlo, ¿Cierto? – parafraseó lo que le
habían enseñado.
– Excelente. Adelante – dijo relamiéndose
mientras estudiaba la silueta del pobre corderito al que iba a clavarle los
dientes.
La niña pronunció las palabras, tomo la mano
de Changmin y utilizó un susurro encantado para despertar a Jaejoong.
– ¿Qué sucede aquí? – preguntó Jaejoong
realmente espantado.
– Eso no importa, Jaejoong-shii. Mañana no
recordarás este momento.
Los ojos de la niña brillaron como el acero
vivo y aquel brillo atravesó las pupilas alcanzando el alma de un joven que
desconocía lo que le esperaba.
Jaejoong cayó profundamente dormido.
La mañana siguiente llegó mientras los
hermanos Kim-Park se levantaban a un día normal, como cualquier otro. Las horas
pasaron raudas, burlándose ansiosas de su futuro.
Aquella noche Jaejoong observó la foto de su
madre junto a ellos, leyéndoles un cuento. Recordaba bien que, cuando eran
pequeños, ella les había narrado la historia de Alicia, un libro extraño, lleno
de pasajes que le robaban la paz. Pensó que de ser ella, habría perdido la
cordura; que de estar dormida y lograr despertar, no querría dormir nunca más.
Ahora sonreía con melancolía, añorando los días en que fue tan feliz, así fuera
una novela de horror lo que le contase.
La luna se posó justo a mitad del cielo. Los
hermanos dormidos no notaron la niebla que rodeó aquel cuerpo celeste que
parecía la sonrisa del mismo maldito Chesire. La odiarían.
Jaejoong no soñaba muy a menudo pero aquel
entonces logró vislumbrar algo. Corría en medio de la noche como huyendo de un ‘no
sé qué’, dio la vuelta y al volver al
frente se detuvo violentamente, chocando contra el cuerpo de joven apuesto.
Aquel hombre alto le sonrió con sus dientes filosos logrando asustarlo.
– ¡Boo!
Jaejoong despertó exaltado y alegrándose de
que todo fuese una pesadilla. Volvió a cerrar los ojos y en ese mismo segundo
sintió una mano de uñas puntiagudas bajando sobre su pecho.
– ¡Hey! Buenas noches, lindo.
Jaejoong volvió a despertar abriendo los ojos
pero sin poder moverse. Tenía un mal presentimiento de todo ello.
– ¡Ah, pero que placer tan grande serás!
Asustado, el chico soslayó su mirada junto a
su cama. Notó una presencia oscura a la que no podía notarle el rostro. Con un
rápido movimiento, clavó sus dientes en su cuello succionando con lujuria
desmedida, provocándole gran dolor.
Y Jaejoong volvió a despertar. Esta vez se
pudo sentar en la cama y paranoico observó todo el lugar. Aquel dolor se había
sentido demasiado real para un sueño. Tuvo un escalofrío que subió por su
columna y cuando quiso voltear, notó que no podía moverse mientras una fría
mano se paseaba por su mejilla.
– ¿Dónde están tus modales? Aún no sé tu
nombre – le susurró.
– ¿Q-Quién eres?
– Shim Changmin y estoy aquí para hacer que
te vuelvas loco… loco por mí.
Estaba vez oyó una risa tan oscura que le
provocó pánico puro.
– ¡Yoochun! – gritó y despertó sin saber si
dormía o despertaba en verdad.
Su hermano se levantó espantado por el grito
y corrió hasta él. Entró en la habitación y se acercó abrazándolo velozmente.
Jaejoong no podía ver quién era por lo que solo atinó a gritar y empujarlo con
toda su fuerza.
Yoochun estaba confundido, se levantó del
suelo y encendió la luz. Jaejoong lloraba y tenía la mirada de un auténtico
enfermo mental.
Cuando notó que se trataba de su hermano, se
aferró en busca de pruebas que le indicaran que había vuelto a la realidad.
Yoochun lo tranquilizó tanto como pudo y le sugirió volver a dormir pero en
cuanto iba a apagar la luz, volvió a asustarlo de un grito.
– ¡No! – Yo… yo ya no tengo sueño. Quédate
conmigo… por favor – pronunció desesperado, hipando de vez en cuando.
Esa noche, solo fue el principio… Kim
Jaejoong acababa de sentenciarse y de perder la libertad. Era preso de su
propia mente.
¿O no era así?
Afuera, apenas se apreciaba la voz de una
niña cantando el arrullo de una nana.